El Mentalista: Esto debería acabarse aquí y así

Superado el hype de su fulgurante inicio en audiencias (en EEUU y también aquí, al menos para los parámetros de laSexta), el paso del tiempo ha convertido a ‘El Mentalista’ en una serie de poca vida propia y demasiada rutina. Y la tercera temporada, pese a su final, ha confirmado justo eso: no digo que se haya convertido en un mal procedimental, pero su dinámica interna, sus casos sin chispa y sus personajes planos han impedido que superase sus mejores momentos y que la brillantez escasease cada vez más.

Por todo ello, la tercera campaña de ‘El Mentalista‘ ha sido toda una medianía y, desde el punto de vista de entretenimiento (ya no hablamos de nada más allá, de ambiciones más altas), se hace difícil justificar una renovación de una serie que, tan pronto, navega a buen ritmo, pero sin dirección clara de lo que quiere. No obstante, ‘El Mentalista’ se guardaba para su final de temporada una baza que ha postergado demasiado tiempo.

La historia de John El Rojo, tantas veces olvidada y a la que tan poco jugo han querido sacar sus guionistas, regresaba en sus dos últimos episodios, ‘Strawberries & Cream’. Y, sorprendentemente, los guionistas se soltaban la melena y daban rienda suelta a sus instintos más bajos: en busca de un “game-changer”, han encontrado recursos de guionista de serie b. Y no, esta vez eso no es peyorativo.

Supongo que nadie que haya seguido la serie puede realmente sorprenderse de que Jane acabara con John El Rojo a sangre fría, en medio de un centro comercial. En una serie que no se caracteriza precisamente por el uso del subtexto, los guionistas habían puesto varias veces en la boca de Patrick Jane que éste mataría a su nemesis en cuanto tuviera oportunidad. Y ése ha sido el truco bajo la manga de los creadores de la serie para el final de su tercera temporada: ojo por ojo, diente por diente.